Y las consecuencias antisociales del (constitucional 1978-2014) invento de la reinserción como fin principal de las condenas de privación de libertad.
En el tiempo en que estrenaron, bendita(sic) la hora, Democracia y Constitución estaba ya poniéndose de moda la lenidad en el castigo de los delitos, llegando a decir algunos que “todos los presos eran presos políticos”, disparate que por desgracia ha tenido mucho mayor calado en partidos políticos y autoridades, sobre todo judiciales, que en la población civil.
Aquello era allá por los finales de los 70; hoy, en 2014, el fenómeno no ha hecho más que exacerbarse y acabar de instalarse en el inmenso paquete de lo que se considera políticamente correcto; la corrección política, en Europa y España, es invento y monopolio de la progresía marxista, encarnada en su forma más “civilizada” por los partidos autodenominados socialdemócratas. Y la (supuesta) derecha no es mucho mejor: sigue penosamente la moda de lo políticamente correcto, desconociendo el origen del invento o fingiendo desconocerlo; da igual, lo esencial es que estamos en “buenas” manos.
Y estos antecedentes han culminado (de momento) en una querella contra profesionales de la información, como era más que previsible, vista la deriva hacia la barbarie (políticamente correcta, eso sí) que asola sobre todo a España, pero también a la “Unión” Europea y los Estados Unidos de Obama.
Querella admitida a trámite (que a nadie extrañe, habida cuenta de en qué manos estamos) por la autoridad competente, por decir algo y no entrecomillar nada.
Casi todos los dislates pueden tener “fundamento” jurídico, y la dichosa reinserción es un invento de los que más “argumentos” proporciona a la progresía marxista y a sus amigos delincuentes; total, los votos son los votos, y todo queda en casa.
Y la reinserción finalmente ha dado el paso que era previsible y de temer, dado el ambiente irracional y de desorden generalizado que la sociedad de las personas normales se ve obligada a “disfrutar” cada vez más.
El argumento es siempre el de que ha cumplido oficialmente la condena, por lo tanto ha pagado su deuda con la sociedad y está necesariamente “reinsertado” en la misma. Por lo visto el delito cometido ya no existe. Bien o mal, el estado dice que el “angelito” ya es un buen chico. Y como es un buen chico, tenemos que tenerlo como amigo. Porque Papá Estado también nos escoge a los amigos.
Y ahora entramos en el escabroso asunto de los antecedentes; un “buen chico reinsertado” se querella contra dos periodistas y una cadena de televisión porque mencionan y/o le atribuyen un delito del que está primero acusado, luego convicto y condenado, después penado con cárcel, y ahora, una vez cumplida la condena, reinsertado. Interpreta este “ejemplar” y reinsertado ciudadano que ya que las autoridades competentes(sic) consideran cumplida la condena está reinsertado en “la sociedad”, y por un extraño silogismo, el delito por él cometido ya no existe; y como ya no existe, hay que llegar a la aberrante conclusión de que NUNCA LO COMETIÓ. Y de ahí que, si el delito judicialmente nunca existió, la sola mención del mismo por parte de estos periodistas, o cualquier otro ciudadano, es a su vez y ahora sí, un delito de injurias contra el honor del “angelito”. Y ¿por qué no de calumnias?, ya puestos…
Y el “angelito” (convicto de colaboración en un secuestro perpetrado por la banda armada ETA) presenta una demanda cuyo trámite se acepta, sólo faltaría. No es más que la evolución lógica de la doctrina de “sinistra, pro reo” o como se escriba este latinajo progresista.
Incidentalmente los periodista acusados de informarnos de estos hechos están considerados de derechas. Pero esto no tendrá nada que ver…¿o sí?.
Y concluyo que parece que no tenemos derecho a estar informados de ningún delito si el reo convicto ha cumplido la condena, porque automáticamente, como el delito ha dejado de existir, el delincuente nunca lo ha cometido.
El poder judicial ha inventado la máquina del tiempo. Y con la máquina del tiempo tiene el poder de escogernos a los amigos.
Han redondeado la perfección: como el terrorista ya no existe, tengo que ser amigo suyo.
España cañí.