
Al ruedo, y en el ruedo se quedó, sin querer dejarnos ver al toro ni a nadie más torear.
Y tan quieto se quedó,
que el toro, llamado unas veces Gibraltar,
otras Cataluña La Independiente,
y las más, Libertos Terroristas,
por inofensiva estatua lo tomó.
Mariano Tancredo, Tancredo Mariano
Que el confundir parálisis con sangre fría,
inacción con prudencia
inmovilidad con sabiduría
no es de sabios
ni propio de personas prudentes
ni tampoco de cautos gobernantes.
Que el toro, campestre criatura,
a las pobres estatuas ni las tiene vistas
por lo que sin cuidado le tienen,
sus inmóviles albas y encaladas formas
mas por el contrario, más se envalentona,
cuanto más inofensivas le parecen.
Porque más difícil es que el problema
se te arregle mañana
que el toro deje de embestirte,
Don Mariano Tancredo, Tancredo Mariano
con su habitual y maligna saña.
* Don Tancredo era un personaje que antiguamente formaba parte del espectáculo taurino de hasta mediados de siglo, según me contaron mis mayores. Totalmente pintado o encalado de blanco permanecía totalmente inmóvil en el centro del ruedo, y decían que el toro al verlo tan quieto y blanco lo tomaba por estatua. Lo más probable es que un animal criado en el campo no haya visto ni sepa lo que es una estatua, dicen los expertos que el toro sólo embiste a lo que se mueve. En esto ya no entro, porque está fuera de mi campo, y, además, no me interesa.