
De tropelía en más tropelías
al Noble Caballero don Nuño
le discurrían su correrías
por luminosas tierras levantinas;
soleados y antaño prósperos lares,
mas agora invadidos
por el intruso y vil sarraceno
con encomienda y misión
de destruir y dividir,
a España el Reino.

Y para tan infame tarea,
a buen puerto llevar,
al Infante hay que adoctrinar,
y por ello de Ayuntamientos
el Belén hay que quitar;
de la Colau y la Carmena
el buen ejemplo hay que imitar.
Y así que el Noble don Nuño
a si mismo se obligó
con la espada
el resto de Belenes preservar.
Belenes y Nacimientos,
del Canalla Sarraceno,
de momento a salvo,

al amparo de Iglesias y Hogares
para alegría y regocijo
de inocentes corazones.