Tags

Titular del periódico El Mundo: “Metro ofrece transporte gratis a transexuales en riesgo de exclusión”.

El Metro de Madrid entregará a la ONG Transexualia 38 pases anuales para transexuales en “riesgo de exclusión social”, tras firma de convenio con dicha ONG; al final va a resultar que las ONGs, o algunas ONGs “progresistas”, a base de subsidios en metálico y/o en especies con los Dineros Públicos, van a ser las Organizaciones MÁS Gubernamentales del Mundo, lo que no deja de contradecir lo que significan las siglas ONG, Organización NO Gubernamental; al menos en teoría, claro.

Porque quien decide y dice qué transexual está “en riesgo de exclusión” es la ONG, o sea el Tomante (el que recibe), y no el Dante (el que da), que en este caso es el propio Metro de Madrid, o su propietaria, la Comunidad de Madrid.

Parece que Metro Madrid, o Comunidad de Madrid, ha hecho como los malos árbitros de futbol: sobrecompensan errores o presuntos errores. Porque, si es cierto lo que se dice, todo esto viene del descubrimiento de un correo interior de un empleado, en el que instaba que a los homosexuales, menos mal no consta que usara “la otra palabra”, se les incrementaran las revisiones, se supone que de los billetes; vete a saber. A raíz de estos presuntos hechos homofóbicos

 Metro Madrid en su día ya hizo una campaña contra la discriminación de Gays, Lesbianas, Transexuales, Bisexuales, y la Intemerata, lo cual parece no haber sido suficiente corrección política, lo que confirma el axioma de que “una vez que se intenta ser políticamente correcto, ya nunca es suficiente”.

 Lenguas viperinas cuentan que una vez hubo un fabricante de automóviles, artefactos cada vez más políticamente incorrectos, que mirando el mecanismo de cremallera de una dirección, tuvo la idea de ser políticamente correcto y aplicar criterio cremallera para la instalación de un accesorio concreto de sus coches; en la cadena de montaje se instalarían, en vez de climatizadores en todas las unidades, alternarían la instalación de un climatizador con la de un climaterio, un modelo climatizador, siguiente, climaterio; para que las feminazis no digan. Aparte de que, en la empresa, nadie sabía exactamente qué era un climaterio, la idea se abandonó cuando ingenieros de la fábrica apuntaron que ninguna de las dos opciones satisfaría a usuarios bisexuales, que, entre el rosa y el morado, bastante confusos ya estaban con la elección de colores para la tapicería.

 Pero todo esto es probable que no sea más que una leyenda urbana mal intencionada; aquí, al igual que

Bertrand Duguesclin,  ni quitamos ni ponemos rey…ni reina.