Odds & Ends
Quizá sólo queden esta y otra Crónica desde los Nuevos Territorios antes de nuestro regreso a España; voy a hablar de un tren, o puede que de un sueño…esta vez eran las 2:20 de la madrugada de ayer, cuando el tren de la Union Pacific se dejaba oir, en su nocturno paso por la ciudad, hacia o desde el Oceano Pacifico. Durante el día el ruido medioambiental impide, a partir de cierta distancia, detectar el sonido del convoy ferroviario; al contrario de lo que ocurre en plena noche, pero con la limitación de que la lejanía hace que no se sepa si las idas son, en realidad, idas o venidas. Tanto da, las vias cruzan la ciudad dando paso al fantasma amarillo, esa doble locomotora diesel que arrastra el interminable tren, largo como la propia historia de Union Pacific(*). Por lo general, el encanto de los trenes no está tanto en la historia que protagonizan, sino en la historia de la que son testigos; sobre todo de noche, cuando se les oye acercar de lejos, avisando al desvelado con su rumor apagado pero poderoso, mucho mas inquietante que sus pitidos de aviso en los pasos a nivel; despiertos lo podemos oir, y lo oímos…pero él, el tren fantasma, porque estamos despiertos, intuimos que sabe que estamos aquí mismo…escuchando; porque los dormidos no le incumben, y por tanto, le dan igual al polifémico ojo que le alumbra nuestra consciente presencia en las tinieblas.

La brevedad de todo el acontecimiento no hace más que acrecentar el misterio de su nocturna visita; ya de día, mirando las vacías vías, huérfanas de huella, tesminoniales de tan solo la posibilidad, pero no del hecho ni del recuerdo; en la noche, la seguridad es del hebrio noctámbulo, la duda, del sobrio desvelado; la certeza en lo dudoso y oscuro, es privilegio de inconscientes y necios; la duda queda para bendición intelectual de mentes funcionales.
(*) Compañía ferroviaria establecida en 1862, en tiempos de Abraham Lincoln, que, incidentalmente, fue un Presidente de Verdad…que por cierto combatió el secesionismo; dicho sea sin mirar a nadie.
Dedicado, desde Arizona, a Pedro Sanchez Castejón, que tiene muy claro lo que cree ver…aunque esté tan oscuro como el culo de un coco; ¡animalicos del señor!
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