Los listillos se creen muy inteligentes y consideran a los demás tontos, aunque si les conviene, lo disimulan muy bien haciendo la pelota a quien haga falta; son excelente material para ejercer de abyecto lacayo, sin darse cuenta de que los “tontos” los tienen calados. Caen con facilidad víctimas de timos burdos y básicos como el conocido Timo de la Estampita, en el que el “tonto” es el listo, y el listillo se pasa de listo, y acaba siendo víctima del “tonto”.

Y a propósito de todo lo anterior, esta es una historia que trata de un rústico payés, unos gitanos, unas gallinas, y de unas botellas de coñac, o de “la coñák”, con acento, como hubiera dicho un analfabeto que conocí hace años. Se trata de un hecho que a mí me contaron como cierto, y que de no serlo, bien podría haber sucedido; lo seguro es que cosas muy parecidas se han visto y se ven todos los día, y que, sobre todo conociendo a los protagonistas, el payés, “la coñák” (con acento), las gallinas, y los gitanos, es más que verosímil.
- Érase un Rústico Payés de la Campera Ruralía, Zona Campestre como la que más del Campo Profundo, cuya ubicación exacta, o aproximada, por prudencia me callo. El Listo Campesino poseía una finca rústica, con campo, o huerto, o árboles frutales; estos detalles tampoco los preciso por si acaso, y para no dar pistas, ya que en el campo hay más escopetas que amapolas, si se me permite la floral cursilada que bien merece una molesta perdigonada.
- El Rústico Payés era un listillo como tantos de sus colegas y vecinos de la localidad. Confundía Astucia con Sabiduría y Filosofía, y capaz era de gastar un duro para ahorrarse una peseta, hazaña de la que el Campesino Listillo se ufanaba; claro que sin contabilizar las cuatro pesetas invertidas y por su astuto ingenio PERDIDAS. Además, este Ufano Labriego, Ganadero, o Granjero, y aquí tampoco especifico por razones de discreción, también compartía con sus vecinos el desprecio a los Forasteros que se aventuraban en la Zona, vecinos que de todos modos no le aguantaban a él, ni tampoco se soportaban unos a otros, y por sistema eran contrarios a personas nativas de otros lugares del Planeta, Estado, Comuna, o Municipio; su actitud incurría en lo que la Podemizada Progresía dio en llamar XENOFOBIA, moderno Delito de Odio del que la Podemizada Zurdería se cuida muy mucho de acusar al Rustico Payés y demás colegas de la Profunda y Campesina Rularía, porque sus adoctrinados vástagos SON fieles militantes, esbirros, y votantes de la Portentosa, además de sepaRATAS Catalanistas y Catatónicos convencidos.
- Pero cuando llegaba Época de Cosecha, este DEMASIADO LISTO Y RURAL XENÓFOBO necesitaba de Braceros Foráneos para recoger lo sembrado, no digo que si Patata, Trigo, Alcachofa, Almendra, Aceituna, o todo esto y más cosas a la vez, y dejémoslo así para que ningún escopetero se de por aludido. En días buenos el Payés llamaba a los Foráneos “forastés” (forasteros), y “putos forastés” cuando el Rústico Personaje amanecía con el pie izquierdo.
- Y en días MUY malos, este listillo incluía en la categoría de “puto forasté”, no sólo a los Visitantes de la Capital y otras Comunas Autonotáificas, sino a los del pueblo de al lado, cuanto más cerca mejor, sobre todo en ocasión de fiestas patronales, o partidos de fútbol de su equipo local de 5ª (quinta) división; nadie tiene porqué ser tan bueno como el Ronaldo, ni tampoco tan devoto como el Cristiano, ya que la devoción es cosa de cada uno, y en estos pueblos ya se sabe que Balón y Religión, aunque caigan en verso, hacen mala mezcla; lo suyo es una cosa después de la otra, nunca ambas a la vez.
- En ocasión de una de estas cosechas, el Astuto Payés contrató jornaleros forasteros de etnia calé, dándoles de comer con todo lo peor que tenía en la finca, para que ellos mismos se lo guisaran; que aquello no era hostal, ni restaurante, y que el Amo de esas tierras, además de más listo que nadie, era avaro, miserable que encima se las daba de espléndido y generoso, como claro ejemplo de su desprecio a la inteligencia de la demás gente. El Ombligo de Mundo cree ser el único en disponer de Cerebro; llegó al extremo de ofrecer, ¡gratis!, unos higos demasiado maduros, por no decir podridos, a los gitanos para, según sus palabras textuales, “no tener que dárselo a los cerdos”, una expresión que los locales toman como ingeniosa y elegante, su forma delicada para ofrecer comida a los Forasteros.
- Y aquel detalle de los higos que “no había que echar a los cerdos” fue lo que acabó de poner a los gitanos en contra del Avaricioso y Astuto Payés.
- Como no podía ser de otra manera, desde su primer día en la finca, los gitanos ya le habían echado el ojo al corral, o “guipado”, como dicen ellos…pero como se dieron cuenta de que el Payés Listillo, que además de avaro era desconfiado, contaba las gallinas dos veces al día, amanecer y puesta de Sol, habían decidido no tocarlas, o “afanarlas” como se dice en su jerga caló.
- Pero el Incidente de los Higos lo había cambiado todo. El Status Quo había variado, como diría un estratega algo redicho; ya era una cuestión personal de orgullo y principios entre el Sagaz Payés y los Forasteros Braceros.
- Y no tardó mucho, uno de estos trabajadores gitanos, en dar con una solución para llevar a cabo su justa venganza, y poder “afanar” algunas gallinas y pollos del corral; buen caldo para los churumbeles, obtendrían con más de una gallina.
- El plan consistía en aprovechar “la coñák” barata que tenían, para durante el día dar de beber a las gallináces aves; no era empresa difícil, ya que el Listillo no vigilaba el corral, sino a ellos, los jornaleros, para que se deslomaran trabajando de sol a sol, y así sacar el máximo del jornal que les pagaba; el control de las gallinas lo confiaba totalmente al recuento o pase de lista, de las aves, circunstancia que ayudaría mucho a los churumbeles en su participación en los aviesos, pero justos, planes de los jornaleros para tomarse la Revancha por el Agravio de los Higos y los Puercos, como sería conocida para la posteridad esta Épica Historia del Bucóilco Listillo que se pasó de Listo.
- Los churumbles y algunas de sus madres, las que no estaban contratadas para el Jornal, circulaban libremente por la finca, y podían entrar sin problemas en el corral para dar “la coñák” a las gallinas, y así emborracharlas poco a poco, titas, titas…y al ocaso del aquel primer día, el Astuto Labriego vio una o dos de sus gallinas tambaleándose un poco, lo que le puso en alerta.
- Pero fue al segundo día, cuando vio a medio corral beodo y dando tumbos, cuando se alarmó del todo; lo que en realidad era una Trompa Monumental, lo tomó como una especie de Gripe Aviar Muy Contagiosa, con lo que los gitanos habían completado el plan en un ochenta por ciento; el Sagaz Rústico había mordido el anzuelo.
Y FINAL MÁS FELIZ, IMPOSIBLE

- Y fue al tercer día cuando la Venganza Gitana se consumó. El Codicioso Payés ideó un astuto plan para minimizar daños, y sacarle póstumo rendimiento a las “Moribundas” Aves; decidió consolarse de la pérdida del corral mostrándose Generoso y Magnánimo, obsequiando, con teatrales espavientos, sus tambaleante gallinas a los gitanos, pero no sin antes cuidarse de que sus vecinos se enterasen de tan humanitario gesto. “Ya que se me mueren, por lo menos presumo ante todos de Buen Samaritano y Bucólica Nobleza”.
EPÍLOGO
…Y los churumbeles pudieron tomar rico caldito, los Jornaleros pollo asado, y hasta pudieron comerse los huevos que aún ponían algunas gallinas no demasiado borrachas. Poco a poco, después de marcharse la cuadrilla, se empezó a conocer la verdad de lo sucedido, y el Listo que se pasó de Listo, “para no echárselo a los cerdos”, hizo de Tonto, y cuando se dio cuenta de que se había convertido en el HAZMEREIR de todos, el colesterol (mucha grasa y poca dieta mediterránea en el campo) le pasó factura, el corazón se le paró, con lo que el muy Listillo la espichó, y sus catalanistas vástagos heredaron POR FIN la finca, motivo por el que fueron algo menos comunistas y por el que cambiaron el cultivo de alcachofas por el de marihuana: da igual, seguramente un día de estos perderán la finca jugando al poker con algún gitano al que también tomarán por tonto. TAL PALO, TAL ASTILLA.
THE END!