Antes que nada vaya por delante mi petición a los múltiples p(j)oderes públicos (y púbicos) de este Democrático Estado de Derecho y Tal y Cual para que dejen de tocar las narices a los ciudadanos que les pagan el sueldo; sueldo pagado cada vez más a regañadientes, eso sí, porque esta animadversión es fruto de la hostilidad con que estos mismos p(j)oderes púbicos o públicos, vaya Vd. a saber, nos tratan a los ciudadanos, si es que aún somos ciudadanos; bien podría ser delito para un individuo el considerarse ciudadano, si no ahora mismo, seguro que en un cercano futuro.
En el caso que nos ocupa esgrimen la excusa de la “seguridad vial” aunque cualquier otro pretexto les vale, a estos liberticidas del Estado Democrático de Derecho y Tal y Cual, para cargar contra un sector cada vez más numeroso de la población.
En este caso el sector atacado es el de los conductores de vehículos terrestres a motor, que bien por gusto, bien por necesidad, bien por ambas cosas a la vez, y esto tampoco es asunto de la Administración, pretenden renovar su derecho a conducir este tipo de vehículos; y la Administración, con su Dirección General de Tráfico (DGT) por delante, y a modo de caballería, pasa al ataque contra las líneas enemigas, compuestas por los feroces y bárbaros conductores que tienen la desfachatez y osadía de pretender renovarse el Sacrosanto Carnet de Conducir, pese a su “avanzada edad y decrépito estado de salud”.
Para este ataque de caballería, la DGT se protege los flancos con una “ciencia médica” de su propia cosecha, cada vez mas hostil al ciudadano que bien a) haya cumplido una determinada edad, por cierto cada vez mas baja, y/o, que b) , padezca alguna enfermedad que “ellos” consideren merma o incapacita la (para ellos) complicada tarea de motorista o chófer; como es natural, para estos paranoicos que tan bien velan por nosotros, las enfermedades que entran en esa categoría son cada vez más numerosas y peligrosas; bien mirado, hasta un uñero puede molestar al conducir.
Se nos pueden ocurrir más ejemplos que el del uñero,
pero no hay que dar ideas para que esto se nos vaya definitivamente de las manos; efectivamente, el “patient confidentiality” del letrero significa lo que parece: confidencialidad del paciente, y, en letra pequeña dice que “este cursillo de confidencialidad esta diseñado para aumentar la concienciación sobre la responsabilidad que (como personal sanitario) tienen en lo referente a la privacidad de los ficheros médicos de los pacientes“.
Y esto, señores, es lo que, en este Democrático Estado de Derecho y Tal y Cual, lleva camino de irse a la
(mierda) si es que no se ha ido ya, gracias a la manía que tiene la Administración de este Democrático Estado de Derecho y Tal y Cual y especialmente la DGT, de no tratar al adulto…como a un adulto excepto para sancionarlo, perjudicarlo, estresarlo (carnet por puntos) y humillarlo (cursos de reciclaje), llegando para más recochineo los socialistas a nombrar a un señor, que ni siquiera tenía el Dichoso y Sacrosanto Carnet de Conducir, Director General de la DGT; Director General, por cierto impulsor del carnet por puntos, y que gustaba de hacer infringir los límites de velocidad al chófer de su coche oficial.
El entramado sanitario (y represivo) montado por la DGT consiste en unos Centros Médicos Oficiales Autorizados por la DGT, y a menudo por otros organismos de la Administración, encargados de los exámenes médicos para obtener/renovar los respectivos carnets que son tan necesarios para cualquier cosa en este Democrático Estado de Derecho y Tal y Cual, hasta para ir por debajo del agua hace falta un carnet, imagino que muy impermeabilizado en este último caso. Y especial fijación tienen los Centros de la DGT en los marcapasos, para muchos médicos de estos centros el marcapasos debe de ser un artefacto muy exótico, tanto que posiblemente sea de origen extraterrestre; ya sólo faltarían
Fox Mulder y Dana Scully en el mejunje.
Por ejemplo, en el caso concreto de un señor operado del corazón, que tiene la desgracia de que le caduca el dichoso carnet de conducir poco después de la operación, y no tiene modo de disimular las cicatrices cuando le auscultan, resulta que le esperan una serie de despropósitos y calvarios médico-burrrrrocráticos que ni Kafka hubiera podido imaginar en la peor de las pesadillas; en primer lugar en el Centro Médico Autorizado por la DGT dicen no estar capacitados para evaluar la aptitud que para la conducción tiene el suplicante, no se me ocurre llamarle de otra manera, de la renovación, y por ello le piden otro papel, que viene a ser una especie de certificado e Historial Médico del suplicante emitido por su médico de cabecera o especialista, o del mismísimo cirujano, de momento les vale cualquier cosa con tal de incordiar; este documento, confidencial, lo adjunta el Centro Médico Autorizado por la DGT a la DGT con su propio certificado de que, ya sí, considera apto al suplicante; es el certificado del certificado, la redundancia por la que la confidencialidad médico-paciente se va al
(cuerno) del todo y para siempre; y ni que decir tiene que la susodicha renovación es para un corto período de tiempo, dos años, o un año si no hay suerte.
Porque de pura chiripa tratan estos inmundos y burrrrrocráticos lances: si al hipotético operado del corazón le hubiera tocado renovar poco antes de la operación, el período de renovación hubiera podido ser de hasta diez años, con lo que hubiera hecho, sin saberlo
un merecido tanto a la Administración del Democrático Estado de Derecho y Tal y Cual, representado, en este caso por la DGT de los radares,
o, mejor dicho, de las narices, como las de nuestro amigo de la foto, aunque a él le guste que las llames hocico.
NARICES Y RADARES DE PONER MULTAS
POR DONDE BUENAMENTE LES QUEPAN,
CON MUCHO CUIDADO, A LAS MUY PUTAS
CON CARIÑO SE LAS METAN.