Gambito: “dícese de la gamba enana un tanto marimacho o marimacha” (el Vate Glosador)
El ajedrecista es como el pescador de caña: se cree más listo que nadie, el uno por pescar con “astutos gambitos”, y el otro por hacer lo mismo con “ilustres pececitos” (Observador que es el Sublime Vate Glosador)

(Nada ha cambiado en el 2019)
Transcurrían los años 80 (finales) del pasado siglo XX cuando tuve mi primera experiencia con una Manada de Ajedrecistas; o mejor sería llamar aquello un casi encontronazo con una manada de estos deportistas(?). Pero antes debo confesar que no sé jugar al ajedrez, como tampoco a practicamente ningún otro “juego de mesa”…aunque respeto los gustos de todo el mundo, incluidos el futbol y el parchís, que tampoco me gustan.

Personalmente conozco unos pocos ajedrecistas, y confieso que alguno no me ha caído demasiado bien. En cuanto a los “juegos de mesa”, soy conciente de que tengo un problema de déficit de atención con ellos, ya que prefiero mirar por la ventana; al póker intentó enseñarme a jugar mi madre, que era capaz de barajar las cartas en el aire, pero acabó dejándome por imposible. Retomando el relato de mi tropezón con la Manada del Gambito, el suceso ocurrió durante una comida rápida en el ya desaparecido Café Moka de la Calle San Miguel de Palma, famoso por sus bocadillos calientes elaborados con unos panecillos locales llamados llonguets. Uno o dos de estos bocadillos equivalía a una verdadera comida rápida, sin nada que envidiar a las franquicias americanas fast food recién llegadas, o pronto por llegar, a España.
Resulta que estaba yo almorzando en la barra del Moka, sentado en uno de esos curiosos taburetes retráctiles, artefactos originales que eran otra marca del local, cuan de repente me entró un ataque de estornudos, una “estornudera”, que dirían en la Venezuela de antes, durante, y después del podemizado chavismo que reina en esa república; una estrepitosa estornudera. Y desde el fondo del local, en unos bajos, sonaron los indignados quejidos y protestas de la Jauría del Ajedrez, liderada por el Gran Maestro Arturito Ex-Niño Prodigio, en la foto el infante o infanzón que está con el Invicto Caudillo, retrato tomado muchos años antes. Me asaetearon, como a San Sebastián, el Santo Patrón de Palma, con sus miradas asesinas; y riéte de los Indignados Perroflautas de la Puerta del Sol, que al lado de estos Desconcentrados (por culpa de mis ruidosos estornudos) Ajedrecistas parecerían Santa Teresa de Calcuta. ¡Huy, que corteee!; pero más corte cuando el camarero, para informarme, pero también para llamarme la atención, me explicó que el grupo estaba asistiendo a una Importante Clase de Ajedrez Impartida por el Famoso Gran Maestro y Ex-Niño Prodigio; ¡huy que otro corteeee!… la verdad es que no había reconocido al Famoso Personaje. A aquella hora, más del café que de la comida, el Moka se convertía en el Aula de Sapiencia del Juego de los Juegos de Mesa.
Todavía me hubiera durado la vergüenza, vergüenza que enseguida se pasó cuando regresando al trabajo, imaginé lo que hubiera ocurrido si la estornudera hubiera sido un ATAQUE DE HIPO, mucho menos respetuoso que los estornudos.
Poco después empezaron oirse rumores de que el Ex-Campeón del Mundo, y Precoz Gran Maestro Bobby Fischer, estaba como una cabra; puede que sí, puede que no. Si a Comerse el Coco, como a Pescar Peces en la Mar Salá, lo consideran deporte, también, en justicia, puede serlo el Mirar por la Ventana, Estornudar, o Llevar en la Mano una Candidatura de Derechas; todo es deporte.