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- España, Siglo XXI, Año de “Gracia” 2020, también Año del Covid 19 Ese de los Chinos, aunque al goMierdo que hay por aquí no le guste que digamos que el Virus que le permite tenernos presos en nuestras propias (u oKupadas) casas, sea CHINO, CHINO, CHINO, Y CHINO MÁS QUE CHINO.
- ¡Que zus tengo dicho que no digáis CHINO!

En Palencia un hombre paseaba con su mascota, un perro que no era de carne, hueso, y pulgas, como un Perro como Dios manda, sino de peluche. Se estaba aprovechando de la “buena voluntad” por el que autorizaban, los muy Perdonavidas del goMierdo, a los ciudadanos que tuvieran mascotas, sacarlas de casa y pasearlas sin ser multados ni apresados, paseantes o sus Animalicos del Señor. Y en estas que uno de estos confinados ciudadanos iba por la calle paseando un peluche, cuando un perspicaz guardia se percató de la trampa del simpático contribuyente:
- AGENTE DEL ORDEN:: “Caballero, Esa Cosa que usted pasea no es un Perro de Verdad.
- CABALLERO DEL PELUCHE: Agente, la normativa de Esas Otras Cosas que usted, con tanta diligencia aplica, proviene de un Gobierno que no Existe.
Pero hay precedentes de situaciones similares.
En los años 50 del Siglo XX estaba de moda contar chistes verdes, y como pasa con todas las cosas que se ponen de moda, estos chistes eran bastante tontos.

Y gracias a Hollywood también estaban de moda las Rubias Platino, el platino era un tono de rubio que quedaba espectacular, sobre todo en las películas en blanco y negro; el color, en cine y fotografía, se iba introduciendo poco a poco.

Pero sería mejor, para este genial relato, empezar CASI por el final:

- RUBIA PLATINO (desde la cofa del palo mayor): “Capitán, usted no es un caballero” (en tono de reproche)
- CAPITÁN DE LA GOLETA (decepcionado y desde abajo, en cubierta): Caballera, usted tampoco es Rubia Platino Natural”.
- (A continuación mi versión rococó y actualizada de los hechos)
A los niños, en aquellos años, nos contaban, escuchábamos, u oíamos chistes verdes; entonces, como ahora, los niños todo lo ven, todo lo oyen, y todo lo escuchan, y aunque muchas veces no entiendan nada de nada, lo repiten todo, y acaban contándose entre ellos todo lo malo y mal aprendido; si ven que los adultos se ríen de algo que alguien dice, deducen que es porque se trata de algo gracioso. Los infantes más ingenuos no dudan en contar, un memorizado pero no comprendido chiste, a todo adulto que encuentran en su camino, si creen que va hacerles gracia.
Y este es uno de los chistes que de niño me contaron, ya en España, cuando no tenía yo ni diez años; naturalmente, no lo entendí de buenas a primeras, y tuvieron que explicármelo, con lo que acabó de perder toda su poca gracia; bueno, no tanto, a don Miguel, nuestro casero, le hizo mucha cuando se lo conté, y eso que ya conocía el chiste, que trataba de…
…una Presunta Rubia Platino Natural, que en una de estas, de repente le dio por viajar con prisas a un sitio cualquiera. Ya de por sí, esta puesta en escena para justificar el chiste que se va a contar, es poco creíble aún tratándose de Rubias, pero no para ahí la cosa…

…ya que escogió para su repentino y presuroso desplazamiento, un elegante aunque lento Bajel Velero, en lugar de una de las nuevas, veloces, y modernas aeronaves a reacción que empezaban a introducirse en la aviación comercial. Dicho en corto, prefirió un transporte que se desplazaba a 8 nudos de velocidad, a uno que lo hacía a más de 400; menos mal que tenía prisas la Presunta Rubia, si se me permite el ácido, aunque habitual, comentario “marca de la casa”.
Hecha en la agencia de viajes la reserva para un pasaje en la Velera Goleta, acudió billete en mano, y con la maleta hecha a toda prisa, al muelle donde estaba atracada la goleta, que esperaba la hora de zapar. Sólo que en el taxi que la trasladaba al puerto, demasiado tarde se dio cuenta de que con las prisas, se le había olvidado meter ropa interior en la maleta, y lo que es peor, de ponérsela mientras se vestía. (Hasta para una Presunta Rubia, este olvido sólo puede deberse a una jugarreta del subconsciente, según opinan Eminentes PisKíatras de la PisKiatría, que de estas Presunta Rubias y sus Repentinos Prontos, saben más que un Moro de la Morería, en su variante Jeque Árabe con Petrodólares)
Una vez a bordo de la Elegante Goleta, que todavía estaba atracada en el muelle, esperando su hora de zarpar, la Presunta Rubia buscó y encontró al Capitán, que estaba en cubierta con sus tripulantes.

La Rubia Platino pidió permiso al Capitán para explorar el Lento aunque Elegante Velero, y el Capitán, Avezado Lobo de Mar, con Historial de Piratería, le dio su permiso y además le ofreció hacer uso de la Cofa, situada en lo alto del Palo Mayor, para disfrutar de las vistas mientras zarpaban y abandonaba el puerto rumbo a la Alta Mar Salá, ¿donde si no van los Elegantes Bajeles?; pregunta retórica, no se molesten en pensar por donde van estos Veleros Medio Piratas.
La gachí, que además de Presunta Rubia Natural (y Platino), tenía la cualidad de no tener vértigo y de ser hábil trepadora, accedió a subir a la Cofa del Vigía, el punto más alto del Elegante Navío, pero con una sola condición:
RUBIA PLATINO: Subiré con gusto, Capitán, pero sólo si me promete que usted y su tripulación no mirarán mientras lo hago, porque con las prisas he olvidado ponerme bragas.
AVEZADO CAPITÁN: le doy mi palabra de CABALLERO, Presunta Rubia Platino, de que durante el espectáculo, mis Canallescos Filibusteros y yo mantendremos la vista abajo sin mirar otra cosa que la madera del puente.
¿DURANTE EL ESPECTÁCULO?, ¿EIN?

Y la Presunta Rubia que en esa ocasión lucía minifalda, sin pensárselo más, empezó a trepar confiando en la palabra de CABALLERO del Avezado Capitán. Y cual sería la sorpresa, cuando en llegando a lo alto, miró abajo y les pilló a todos ellos con tortícolis y contemplándola bajo la falda.
Dejá Vu…(y volvemos a donde empezamos)
- RUBIA PLATINO: (reproche) “Capitán, usted no es un CABALLERO”

- CAPITÁN DE LA GOLETA: (decepción) “Caballera, usted no es RUBIA PLATINO.”
MORALEJA:

NINGUNO DE ESTOS ES RUBIA PLATINO NATURAL, NI CAPITÁN GOBIERNO
TRANQUILOS, QUE AQUÍ NO HAY CAPITÁN, NI GOBIERNO, NI RUBIA NATURAL, NI NADA QUE MIRAR