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Evo Morales, el bolivariano legalizador del trabajo infantil, admirador de Fidel Castro,
sin embargo no admira tanto la Cumbre Iberoamericana; “fundada por los Reyes de España, de Europa, para sus propios intereses” fueron sus palabras.
El Rey y el Presidente Rajoy, con muy buen criterio, optaron por no tomárselo personalmente, y recordaron en sus discursos que la Cumbre era sobre todo una realidad multicultural, “una cultura de culturas”; está reafirmación de lo obvio, real, y hermoso, no hace más que confirmar el hecho de que son más los valores humanos que todos tenemos en común, y aceptamos, que las divergencias puntuales que, por motivos casi siempre artificiales (políticos), puedan tender a separarnos. Y hay una mayoría de personas en esa América, y en este lado de Europa, que así lo entendemos; estamos hablando de una moral común, también compartida, más ampliamente, por el resto de la única civilización que hay en el Planeta.
Los premios Nobel 2014 se han concedido a dos personas opuestas a la labor y explotación de niños; la Cumbre Iberoamericana no sólo no es ajena a la Civilización, sino que es una valiosa contribuyente a los valores morales y culturales de la misma; y eso explica las reservas que Evo Morales y otros, en ambas orillas del Atlántico, tengan a la Cumbre.
Cuestión de poco civilizados ver video de Evo (in)Morales jugando al futbol.
¡Qué diferencia la del “caballero” con Rubén Darío “Ínclitas razas, Ubérrimas/sangre de España fecunda…”, o con el mismísimo Simón Bolívar

hombre culto, civilizado y viajado, brillante militar y escritor que nunca cuestionó la propiedad privada, ni abogó por salvajadas como la del trabajo infantil. Y esto por mencionar sólo dos ejemplos, “igualitos” a Evo Morales.
(para Carolina Rodríguez-Cariño #RED enunamaleta.bloqspot.com.es)
¿Esto es en serio? Madre mía, si Bolivia ya era el país más pobre de América Latina, no me quiero ni imaginar ahora.
Desde Julio de 2014, en Bolivia está legalizado el trabajo infantil a partir de los 10 (diez) años; “la nueva normativa establece un equilibrio entre los convenios internacionales y la realidad boliviana”.